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No habrá paz para los malvados {Lilith}

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No habrá paz para los malvados {Lilith}

Mensaje por Mikael O. Wilhelm el Miér Ago 15, 2012 11:52 am

Como siempre, Mikael se traía el traía el trabajo a casa.

No es que fuera un adicto a su trabajo: luchar por la justicia nunca había sido una de sus aficiones mas boyantes. De hecho, ni siquiera le gustaba la simple palabra “justicia”, y él mismo se encargaba de que esa simple palabra no se cumpliera en la vida cotidiana de las personas con las que se encontraba día a día. Por eso, precisamente, había conseguido un trabajo tan relacionado con la misma. Las ventajas eran infinitas: por un lado, era un ser extremadamente protegido de las sospechas ajenas. Porque nadie iba a sospechar de ese joven policía tan simpático, que siempre te sonríe y está dispuesto a ayudarte de cualquier modo. Nadie pensaría que detrás de aquella sonrisa se podría encontrar un alma mas oscura de lo que cualquiera podría sospechar. Y, por otra parte, el rubio tenía acceso a otra ventaja mas suculenta. Y ésta era las personas con las que tenía contacto. Asesinos, ladrones, violadores y toda esa clase de gente corrompida que había cometido algún que otro pecado tan grave que hasta los propios humanos se daban cuenta del mal que habían hecho. Esos criminales se encontraban en algún u otro momento bajo la custodia de los policías de la comisaría a la que el demonio pertenecía, y eso le daba margen para hacer lo que quisiera con ellos, siempre de una manera discreta y sin que nadie pudiera sospechar de que era él el artífice de las ocasionales desapariciones de aquellas personas. Algunos lo achacaban al karma, otros, dotados de una mente mucho mas lógica y predispuesta a no creer nada que no pudieran ver con sus propios ojos, optaban por creer que otras autoridades los habían trasladado sin contar para nada con ellos. Sin embargo, ninguno de ellos tenía razón. Esas desapariciones eran obra del joven que se divertía sometiendo a las mas diversas torturas que se le ocurrían para después acabar con ellos sin un ápice de piedad. A fin de cuentas, Mikael tenía en cuenta que aquellos eran criminales, malas personas, y si merecían un castigo, entonces él se ofrecía de muy buena gana a ser quien ejecutara la sentencia. Los malos debían ser castigados: eso era lo que hacían arriba, ¿no? Mandaban a castigar al piso de abajo a todos aquellos que no eran dignos del reino de los cielos. Por eso, Mikael prefería hacer ese tipo de cosas con gente inocente: con criminales le parecía estar haciendo el trabajo sucio de los de arriba.

Por eso no era nada raro que aquella vez hubiera hecho lo mismo. Hacía días que tenían con ellos un elemento bastante interesante: violador y asesino en serie, vamos, de lo mejorcito que hay. Muchas veces había dicho que no se arrepentía de nada de lo que había hecho, aunque claro, todavía no se había sometido a la sutil coacción del demonio. Seguro que después de haber cruzado unas palabras con él empezaría a arrepentirse como era debido. Pero claro, eso ya no le servía de nada a Mikael. Ni súplicas, ni sobornos, ni chantajes: no podían hacer nada. Cuando el joven fijaba un objetivo, ya no había nada que lo distrajera de éste. Nada. Y ahora, ese elemento se hallaba en su punto de mira. Mikael siempre conseguía lo que quería, y en ese momento lo que quería era que ese sujeto desapareciera de la comisaría para poder llevárselo discretamente y hacer lo que quisiera con él. Y dicho y hecho: no le costó nada el sacarlo de allí para llevarlo a la habitación el hotel en el que se encontraba. Había contratado la habitación con una identidad falsa, de manera que nadie pudiera saber la identidad de la persona que había estado en aquella habitación de hotel, y después había introducido en la misma al sujeto, tirándolo en la cama sin ninguna contemplación ni preocupación por la seguridad del tipo.

El tipo era sorprendentemente joven para el currículo que llevaba hasta el momento: como máximo podría tener unos 25 años tirando por lo alto. En el estado de inconsciencia en el que se encontraba parecía una persona menuda, mucho menos alta y corpulenta de lo que era en realidad, como si lo hubieran deshinchado para que cupiera por la puerta. El tipo de pelo castaño largo tenía toda la pinta de ser una persona normal, nadie de la que sospechar. Sin embargo, Mikael ya había aprendido hacía mucho tiempo que era mejor no dejarse guiar por las apariencias, y de hecho, él mismo era una prueba viviente de ese hecho. En ese momento llegaba la hora que mas le gustaba al rubio: ver despertar a la persona, ver su desconcierto, duda, miedo, y después....bueno, a Mikael le gustaba improvisar según la persona que fuera. Y mirando la inconsciente cara del joven tendido en la cama, al rubio se le ocurrió de pronto a quien le encantaría el tener algo de diversión en aquella tarde. La demonio Lilith, la que era su mejor amiga, con la que había compartido aventuras, lecho, a la que había ayudado y por la que también había sido ayudado cuando lo había necesitado. Estaba seguro de que, si la llamaba, ésta se presentaría. Quizás solo por el simple placer de su compañía, pues el joven estaba acostumbrado a que todo el mundo a quien llamara se presentara ante él encantado de la vida. Sabía que Lilith no vendría corriendo como si le fuera la vida en ello, desesperada, y también sabía que el simple hecho de haber conseguido una persona a la que hacer caer no era algo del otro mundo. Ambos lo hacían todos los días: era ya casi raro un día en el que una persona no sufriera a manos de Mikael. Al fin y al cabo, para eso había sido creado. Sin embargo, no se trataba de llamarla porque había conseguido a alguien, sino que simplemente, el rubio encontraba la compañía de su compañera demonio de lo mas interesante. El joven allí tendido no era mas que un regalo, como aquel que ofrece unos pastelillos o una botella de vino a aquel que viene de visita. Algo agradable con lo que amenizar un encuentro.

El demonio tomó asiento en una de las sillas esparcidas en torno a la cama de la habitación, mientras cogía entre sus manos la delicada taza de té del juego que se hallaba en la mesita de noche. Ya había avisado a la castaña dejando un mensaje en el teléfono de ella, como lo hacían los humanos, algo que Mikael encontró de lo mas divertido. Una dirección con el número de la habitación remató el mensaje. Y entonces, el demonio esperó. La paciencia es una virtud, y desde luego al rubio le sobraba. Podía esperar lo que hiciera falta la aparición de aquella a la que había llamado, y, sin embargo, sabría perfectamente si ella había rechazado la invitación, aunque lo dudaba profundamente. ¿Quien en su sano juicio rechazaría una oferta como aquella? Y bueno, si resultaba que se quedaba solo con el sujeto, tampoco pasaba nada. Ya se encargaría él del criminal. Como decía la Biblia, “no habrá paz para los malvados”. Desde luego, para ese malvado no. Ya se encargaría él mismo de que no la tuviera. No le gustaba predicar la palabra de los ángeles, desde luego que no. Pero en fin, si en medio de todo aquello había algún acto de violencia, bien quería él estar en medio.

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Re: No habrá paz para los malvados {Lilith}

Mensaje por Lilith M. Delacourt el Miér Ago 15, 2012 8:13 pm

Aburrida no es la palabra que más se acerca a la descripción de cómo me siento justo ahora. Creo que, si fuese humana, habría muerto ya de desesperación por la falta de acción. Ya nada es divertido aquí, los humanos son malvados casi por naturaleza, eso no es divertido, le quita el sabor a mi trabajo. No hay como hacer caer a un alma noble, pero escasean y hay demasiados demonios en este plano terrenal. En cuanto a los ángeles, pobres, la verdad es que a veces siento lástima por ellos... ¡Bah! En realidad no. Son tan patéticos con su esperanza de que los humanos vuelvan al camino del bien. Por favor.

Aún tengo que hacer caer a Evan. ¡Cuántos rangos subiré si lo logro! Soy tan buen con lo que hago. El ingenuo cree que siento algo por él. Pobre chico, voy a romper su corazón puro y bonachón. Cómo si me importara.

Esta ciudad es más nuestra que de ellos, es más del reino de la oscuridad que del de los querubines. A veces no entiendo cómo es que pueden vivir sólo con esperanza. ¿En serio? ¿Eso funciona? Eso es una ilusión, solamente. Una cosa que inventaron como escudo ante esta guerra. Como sea, saber que tenemos el terreno ganado no me llena de entusiasmo. Sería mucho más divertido si dieran verdadera guerra. Si pelearan de verdad, con garras, con armas y no con amor, por favor.

Mi atención se posa en un pequeño que va corriendo tras una pelota, sus papás se han quedado a la distancia, sin prestarle verdadera atención. Uhm. Podría... Pero no, los niños no son mi especialidad. Lo mío son los ángeles y jóvenes, pocas veces he tenido que ver con viejos. Me dan asco y son tan fáciles de convencer. La pelota llega hasta donde me encuentro sentada en la banca del parque y la detengo con un pie. Él se detiene, y me observa, sé lo que él está sintiendo. Los niños son mucho más perceptivos que los jóvenes y los adultos. ¿Quieres la pelota?, pregunto. Pero él no me responde, sólo me observa. Sostengo la pelota entre mis manos y le doy vueltas frente a sus ojos. Llevarme a ese niño va a ser sencillo. Sí, ya decidí hacerme de él. Sus papás ni siquiera están mirando.

Ven por ella, es tuya. Le digo con voz suave y sonrío, aunque detrás de esa sonrisa sólo hay maldad, una maldad profunda y, hasta cierto punto, excitante. ¡Cómo me gusta ser lo que soy!
El pequeño se acerca de manera dubitativa y mi sonrisa se extiende unos milímetros más. Entonces mi móvil suena, rompiendo el encanto del momento. Bufo, y el niño aprovecha para quitarme la pelota y salir corriendo. Genial, voy a matar a quien sea que haya interrumpido. Miro el móvil y veo el nombre de Mikael en la pantalla. Bien, tal vez no lo mate. No puedo, es mi mejor amigo, el mejor amante y, además, el maldito es tan sexy que matarlo sería un desperdicio.

Leo su mensaje y sonrío complacida. Me encanta que piense en mi. Quiero decir, cuando tiene algo de diversión que compartir. No me preocupo en responder, sé que sabe que iré, nunca le he dicho que no, el mismo número de veces que él me ha negado algo. Simplemente me puse de pie. Estaba cerca del hotel que Mikael mencionaba, además, me gustaba hacerlo esperar aunque odiaba que no le molestara ni poco.

A mi paso, no tardo en llegar al lugar. Mientras voy por el ascensor, enrollo las puntas de mi cabello en el índice; cuando la puerta se abre salgo, mirando sin interés los números de las puertas, hasta que estoy en el número indicado. Toco dos veces con suavidad y espero a que Mikael abra. Espero que no haya comenzado sin mí. Tengo intriga, ¿por qué en un hotel? ¿A caso trajo a una mujerzuela? No son sus gustos.

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Re: No habrá paz para los malvados {Lilith}

Mensaje por Mikael O. Wilhelm el Mar Ago 21, 2012 11:24 am

Cuando uno dispone tanto tiempo como lo tenía Mikael, esperar no es un trabajo que requiera demasiado esfuerzo. La paciencia era una de las grandes virtudes de las que el demonio hacía gala en todas las situaciones de su vida. Desde luego, tenía que ser paciente y no dejarse llevar por los impulsos que dominaban a los demás seres vivos del plantea, pues solamente con esa técnica había logrado llegar a donde estaba de una sola pieza. En la vida que el rubio llevaba no había cabida para otra cosa que no fuera la tranquilidad más absoluta y la dominación de las emociones que podían ponerle en un aprieto. Porque si bien fingir ser alguien que no era se contaba como algo natural en el demonio, Mikael había perfeccionado esa técnica, y por ello era esencial lo anteriormente mencionado. No dejarse llevar por la ira o por las emociones, aquellas que no dejan pensar con claridad y que hacen que todo se precipite hacia un final que, normalmente, no era el esperado ni el deseado por la persona.

Por ello el rubio se sentía completamente tranquilo allí sentado en la habitación del hotel. ¿Por qué no iba a estarlo? Él era quien tenía la sartén por el mango, el que controlaba cien por cien la situación. Era el otro quien debía temer, aunque por el momento no lo podía hacer dado su estado de inconsciencia. Pero lo que era seguro es que en un futuro no muy lejano si que lo haría. Mikael se encargaría personalmente de ello. Porque eso era a lo que se dedicaba, porque para eso vivía.

Tal era el estado de silencio en el que se encontraba todo que el rubio incluso pudo oir como se abrían las puertas del ascensor en su piso. Pasos sordos sobre el suelo enmoquetado: alguien se acercaba, indudablemente, Y cuanto mas notorios eran aquellos pasos, mas cerca se encontraba la persona a la que éstos pertenecían, que el demonio supuso que serían las de su amiga Lilith. Bueno, compartir no era una virtud que le sobrara precisamente al demonio, y bien podría haberse quedado el juguete para él solo, lo cual habría cuadrado mas con su personalidad normal.Pero claro, siempre era necesario mantener un buen contacto con sus congéneres, por si acaso necesitaba alguna ayuda en el futuro. Como se suele decir, "Hay que tener amigos hasta en el infierno", y Mikael desde luego que los tenía. Allí precisamente era donde mas tenía. Y, por supuesto, también lo hacía porque la demonio castaña le caía en gracia. Aunque los amigos no eran algo esencial en la vida del demonio, si que venía bien tenerlos de vez en cuando: para hablar de intereses comunes, participar en actividades divertidas y sacar alguna que otra ayuda que no se podría tener de ningún otro modo.

Dos suaves golpes en la puerta anunciaron la presencia de Lilith, como el rubio ya se había figurado por los amortiguados sonidos que había escuchado hacía solamente unos momentos. Dejó con suavidad la taza de té que aun sostenía en su mano, arrancando un sonido suave de porcelana entrechocando entre si, y con ese sonido como única banda sonora, se levantó de su asiento y cruzó con elegancia la sala, como una sombra, con la seguridad de alguien acostumbrado a no arrancar el menor sonido de nada, de aquel que se mueve por doquier como una siniestra sombra que arrasa todo cuanto le viene en gana sin que nadie sepa por donde ha venido ese mal que le asola. Sin mayor dilación, alargó el brazo para abrir la puerta: no quería hacer esperar a la chica. Eso era de muy mala educación.

Una sonrisa se esbozó en el rostro de Mikael al ver la figura que se encontraba al otro lado. Lilith. ¡Menuda pieza! Tan malévola como atractiva. Esa era una combinación que Mikael no encontraba nada mal. De hecho, él mismo también la tenía, y no se iba a desagradar a si mismo, por supuesto. Siempre había encontrado la presencia de la chica de lo mas interesante: de lo que nunca se podía dudar era de que nadie se podía aburrir con ella. Aunque, claro, el rubio tampoco es que conociera el significado del aburrimiento. Él nunca lo hacía: siempre tenía algo que hacer, y nada de ello bueno, por supuesto. Bueno, para él mismo si, pues siempre perseguía el beneficio propio como un cazador a una gacela. Y siempre lo alcanzaba.

-Que agradable verte, Lilith - comentó con cortesía, porque nada de lo que hacía carecía de ésta. Puede que te estuviera destripando, pero aun así no podrías negar que lo ha hecho con la mas exquisita de las educaciones. Porque, en su opinión, si ya no quedaban modales, entonces ¿que quedaba? - No habré interrumpido nada, ¿verdad? - en realidad, le daba lo mismo. Si ella ya tenía planes era una cuestión que al rubio no le quitaba el sueño, pues su consideración de los demás no era demasiada, ni siquiera con alguien de su misma raza. Estaba claro que toleraba a Lilith, e incluso le caía bien, pero eso distaba mucho para que a Mikael le importara un comino si aquella llamada la había inoportunado a ella o no. Porque en la concepción egocéntrica que Mikael tenía del mundo, ni siquiera Lilith estaba a la misma altura que él. -Verás, tenía algo entre manos, y pensé que quizás fueran de tu agrado - comentó, apartando su cuerpo del quicio de la puerta mínimamente para que la castaña pudiera ver el cuerpo tendido sobre la cama, todavía inconsciente. No es que fuera algo fuera de lo normal que ninguno de los dos hubiera visto. Sin embargo, Mikael era de los que pensaban que las cosas en compañía eran mas divertidas. Y, además, tampoco es que ese fuera un criminal del montón.

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Re: No habrá paz para los malvados {Lilith}

Mensaje por Lilith M. Delacourt el Mar Ago 28, 2012 3:33 pm

En cuanto la puerta se abre, esbozo una enorme sonrisa. Ahí está Mikael, mi gran y querido amigo, Mikael. Somos demonios, sí, pero eso no quiere decir que no confiemos en algún otro o que no podamos entablar amistad, bueno, eso podría ser, pues lo nuestro es más que camaradería.
—Lo mismo digo, cariño —mascullo antes de acercarme y posar un suave beso sobre su mejilla. Un simple gesto del agrado que siento al verle de nuevo. Niego ante su interrogante sobre una posible interrupción, aunque, en efecto, él lo hizo. Pero seguramente tiene algo mejor que lo que yo pude hacer. Después de todo, hay que admitir que Mikael es bueno con lo que hace. Sobre todo por el alcance tan sencillo que tiene con los humanos. Claro, con su empleo, hasta yo me divertiría más.

—Estaba en el parque, pero no hay nada que valga la pena ahí. Así que tu interrupción fue acertada —le digo con una naturalidad propia. Sonrío y él continua en seguida. Elevo una ceja cuando me se hace a un lado y mi sonrisa se ensancha ante la imagen del hombre tendido en la cama. Inclino la cabeza hacia un lado para tener una mejor perspectiva y ver qué tal está el sujeto. Río por lo bajo —Uhm. Nada mal, Mike —afirmo antes de entrar sin ser invitada a hacerlo.

Mis ojos ruedan por la habitación, acercando una cifra de lo que mi colega debió haber pagado por semejante suite. Continúo mi delicado andar hasta la cama y la rodeo para ver al hombre. Efectivamente, no estaba nada mal. Mis ojos van a parar al anfitrión y luego termino por sentarme en la orilla de la cama, dejando que mis dedos se enreden en el cabello del tipo —¿Qué le diste? ¿Drogas? ¿O por qué está inconsciente? —quise saber.


OFF: Quedó tan corto D: Estoy sin pizca de inspiración .____.

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Re: No habrá paz para los malvados {Lilith}

Mensaje por Mikael O. Wilhelm el Sáb Sep 01, 2012 2:28 pm

El joven permitió la entrada de Lilith a la habitación a pesar de no haber hecho ni dicho nada que invitara a ello. Pero sabía que aquello no hacía falta: ellos hacían lo que les daba la gana cuando querían, y nadie se iba a ofender porque alguien no hubiera pedido permiso a otra persona para hacer algo. A fin de cuentas, la gente como ellos no tenía que dar ninguna explicación de sus actividades mientras éstas no entraran en conflicto con lo que ellos eran, claro está. No tenían que dar cuenta a nadie si mataban, robaban o cualquier otro tipo de cosas, siempre que no lo hicieran con sus congéneres, situación en la cual si que deberían darse algunas explicaciones a un par de personas a no ser que se quisiera tener un ejército de demonios dispuesto a decorar la habitación con las tripas del pobre desgraciado. Y, por supuesto, Mikael no pensaba de momento sacarle las tripas a Lilith. Sería un acto muy desagradable para el rubio introducir su mano por el pecho de la castaña para sacar su corazón, pues lamentaría su pérdida por mas de una razón. Sin embargo, lo que el joven tenía mas claro que nada era su supremacía sobre todas las criaturas, incluida ella, y si bien eran amigos, no habría nada que impidiera al demonio acabar con su amiga si su propia vida se veía en un peligro que se pudiera solucionar con la muerte de su compañera. Le caía bien, si, pero no tanto como para sacrificar su propia vida por ella.

-Claro. Solamente habrá familias felices con sus polluelos revoloteando por ahí - comentó, rodando los ojos cuando Lilith mencionó el parque. A Mikael no le gustaban los niños: eran criaturas ruidosas, molestas, cuyas almas puras no interesaban los mas mínimo al demonio. Esas almas eran aburridas, y los niños demasiado fáciles de tentar y confiados en demasía como para que resultara un terreno lo suficientemente interesante para llamar su atención. Él se centraba, sobre todo, en las almas negras, aquellas tan consumidas por los pecados que sus dueños veían el pecar como algo natural, como un asunto al que no hacer demasiado caso. Aquellos ya tentados cuya alma asustase hasta al mas bravo de los ángeles al ver lo corrompido de su estado. Y, por supuesto, por encima de todas las almas, las que mas satisfacción le producían eran la de los ángeles. Oh, si, esas almas mas puras que ninguna cosa en el mundo, pero cuyos dueños no eran pusilánimes niños que sucumbieran al primer intento por conseguir su espíritu. Normalmente caían al segundo intento, aunque eso si eran lo suficientemente poderosos como para enfrentarse a alguien como Mikael y vivir para contarlo. Cosa que, por lo que se había encontrado hasta el momento, pocos habían conseguido.

El demonio sonrió, socarrón ante el cumplido hacia su presa. Por supuesto, sabía que había elegido bien. No podía haber sido de otra forma: él siempre lo hacía todo bien. Pero siempre le habían gustado las alabanzas de los demás, y si alguien iba a decir algo bueno de él, no iba a ser él quien le pusiera una mordaza en la boca. -Sabía que te gustaría - afirmó, cruzando los brazos sobre el pecho, mientras cruzaba la habitación para volver a su silla, puesta al otro lado de la cama, de modo que cada demonio flanqueaba al individuo que yacía inconsciente en el lecho. - Nah, solo le conté un cuento para dormir. Ya me conoces, vivo para los demás- rezongó haciendo una mueca. - Aunque, bueno, puede que también le drogara, solo un poco - apuntó, clavando la vista en el rostro relajado del individuo. - No es que disfrute con ese método, pero no es que me hiciera ilusión tenerlo gritando todo el camino hasta aquí. Hubiera sido algo muy incómodo - apuntó Mikael.

Sin embargo, eso no era todo. Había aun un poco mas que contar acerca del misterioso individuo que se encontraba entre los dos. Y es que el rubio tampoco es que se conformara con cualquier persona que se encontrara por la calle. Se encargaba siempre de conseguir a las mejores presas, porque, si eran las mejores, eran las mas difíciles de capturar. Y ese era un reto tal que Mikael no podía resistirse a él de ninguna manera. - ¿No lo reconoces? - le preguntó a Lilith, con una sonrisa en los labios - Espera, te echaré una mano - y, sin que sirviera de precedente, Mikael hizo algo por ayudar a otro ser de la naturaleza. Con una de sus manos retiró la melena del joven, mostrando así el rostro completo que anteriormente se hallaba ensombrecido por los mechones de pelo excesivamente largos que lucía. Su cara era algo conocida, pues había salido en la televisión mas de una vez , cuando su pelo estaba cortado a un estilo mas corto, y por tanto su cara era mas reconocible que con todas esas melenas que lucía ahora: se trataba de un criminal, por supuesto, aquel que había asesinado y violado a tres mujeres en un corto margen de tiempo. Pero eso no era lo mejor, pues se trataba del hijo de un empresario multimillonario, un miembro de la élite que se había desviado un poco del camino marcado por su padre. La noticia fue todo un escándalo en su momento, y el chico la condena del joven fue muy fuerte. Cuando el demonio se enteró de aquello, supo que su alma sería algo jugoso a lo que agarrase, y por tanto se hizo con él. Gracias a las artimañas de las que el rubio había dispuesto, todo el mundo pensaba que el criminal se había quitado la vida en su propia celda. Todos lo daban por muerto. - Como ves, yo solo trabajo con los mejores materiales. - comentó, satisfecho.

Off: lo mismo digo e__e Y perdón por la tardanza, estuve enfermo n__n

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